Chapter 10: Viaje al Distrito 6
Habían pasado varias horas desde que escaparon del laboratorio.
Fran caminaba por una carretera secundaria, alejándose todo lo posible de las instalaciones.
A su lado iba el Prototipo 7.
Antes de partir, Fran había conseguido una capa para él. No era especialmente elegante, pero era gruesa y lo bastante grande para ocultar buena parte de su cuerpo.
Y eso era necesario.
Porque ahora que podía verlo con más calma, Fran se dio cuenta de que había cometido un error al juzgarlo dentro del laboratorio.
Había asumido que era un BeastKin, pero era claramente una criatura humanoide artificial.
Tenía dos grandes orejas de zorro que sobresalían de su cabello negro y, detrás de la capa, se movía ocasionalmente una larga cola cubierta de pelaje oscuro.
Su rostro conservaba rasgos humanos, pero sus ojos amarillos, sus orejas y aquella cola hacían imposible confundirlo con un humano normal.
Su piel era de un gris pálido y tenía varias marcas extrañas en el cuello y los brazos.
En el cuello todavía podía distinguirse la inscripción:
PROTOTIPO 07
Fran lo observó durante unos segundos.
—Así que eres una criatura artificial con apariencia de BeastKin.
—¿Qué es un BeastKin?
Fran se quedó callada.
—Nada.
No tenía sentido explicarle una palabra de su propio mundo.
El Prototipo 7 inclinó la cabeza.
—¿Por qué me diste la capa?
—Porque llamas demasiado la atención.
—Tú también.
Fran se quedó rígida.
—Yo sé ocultarlo.
Se acomodó la capa para cubrir mejor sus propias orejas de gato.
El Prototipo 7 miró hacia ellas.
—Entonces tú también eres...
—No preguntes.
—De acuerdo.
Fran sonrió ligeramente.
—Buen chico.
El viaje hacia el Distrito 6 no sería sencillo.
La Ciudad era gigantesca.
No era posible simplemente caminar unas horas y aparecer en otro Distrito.
Sin utilizar un Tren Warp, viajar de un Distrito a otro podía tomar varias semanas.
Y Fran nunca había tenido la oportunidad de utilizar uno.
Ahora, además, era una fugitiva.
Una estación de Tren Warp era precisamente el tipo de lugar que debía evitar.
—Entonces tendremos que caminar —dijo Fran.
—Sí.
—¿Cuánto?
—Varias semanas.
Fran suspiró.
—Ya me lo imaginaba.
Y comenzaron a caminar.
Los primeros días fueron difíciles.
Los siguientes fueron peores.
Tuvieron que atravesar territorios que pertenecían a distintos grupos.
Sindicatos.
Guardias.
Fixers.
Personas que simplemente querían aprovecharse de dos viajeros que parecían estar solos.
Y hubo muchos combates.
Demasiados.
Fran sobrevivió gracias a dos cosas.
El poder del Prototipo 7.
Y el extraño poder brillante que comenzaba a dominar alrededor de su cuchillo.
Aquella luz había aparecido por primera vez durante sus enfrentamientos en el laboratorio.
Al principio Fran apenas podía controlarla.
Pero cada combate le enseñaba algo.
Podía concentrarla alrededor de la hoja.
Podía hacer que el filo cortara con mucha más fuerza.
Incluso podía utilizarla para desviar ataques.
—Todavía no lo controlo completamente —murmuró Fran después de uno de los combates.
El Prototipo 7 observó el cuchillo.
—Pero estás mejorando.
—Sí.
Fran sonrió.
—Y eso me gusta.
Sin embargo, había un problema.
El cuchillo no estaba hecho para soportar aquello.
Después de tantos combates, la hoja estaba llena de grietas.
Fran lo sabía.
Aun así, continuó utilizándolo.
Hasta que finalmente...
CRACK.
La hoja se partió.
Fran miró los restos en su mano.
—...
El Prototipo 7 se acercó.
—Se rompió.
—Ya lo veo.
Fran suspiró.
—Era un buen cuchillo.
—Podemos conseguir otro.
Fran miró hacia atrás.
Había tres Fixers inconscientes en el suelo.
Uno llevaba una espada.
Otro tenía un cuchillo.
Fran sonrió.
—Supongo que sí.
A partir de entonces, conseguir armas se convirtió en parte del viaje.
Fran robaba espadas y cuchillos de los Fixers que intentaban capturarlos.
También tomó armas de los guardias que se interponían en su camino y de los miembros de los sindicatos cuyos territorios atravesaban.
No siempre tenía otra opción.
Cada vez que una espada se rompía, necesitaba otra.
Cada vez que una hoja dejaba de ser útil, buscaba un reemplazo.
Pero las armas no eran el único problema.
La comida era todavía más difícil.
Muchas zonas estaban controladas por grupos que no permitían el paso sin pagar.
En otras, Fran no podía arriesgarse a entrar en tiendas o mercados porque su descripción podía haber circulado ya entre los Fixers.
Varias veces tuvieron que comer lo que podían encontrar.
En otras ocasiones, Fran tuvo que robar comida.
Y algunas noches simplemente no hubo suficiente.
—Esto es terrible —murmuró Fran mientras dividía una pequeña ración.
El Prototipo 7 la observó.
—Puedes quedártela.
—No.
—No necesitas compartirla conmigo.
—Y tú tampoco.
Fran le entregó la mitad.
—Somos compañeros.
El Prototipo 7 tomó la comida.
—¿Desde cuándo?
Fran pensó un momento.
—Desde que decidiste no matarme.
—No recuerdo haber tenido esa intención.
—Entonces desde que decidiste ayudarme.
—Eso sí lo recuerdo.
Fran sonrió.
—Perfecto.
Pero la comida y las armas no eran sus únicos problemas.
Fran tampoco podía utilizar su departamento.
Ni podía registrarse en un hotel.
Ahora era una fugitiva.
Volver a su antiguo hogar sería demasiado arriesgado, y pagar una habitación significaba dejar un registro que podía permitir que la encontraran.
Así que tuvieron que dormir donde podían.
Algunas noches encontraban edificios abandonados.
Otras, rincones ocultos entre las estructuras de la Ciudad.
Y entonces descubrieron otro problema.
La noche.
Cuando el sol desaparecía, los Sweepers salían.
La primera vez que los encontraron, Fran pensó que podrían evitarlos.
Se equivocó.
Figuras deformes aparecieron entre los edificios.
Fran desenvainó la espada que había conseguido recientemente.
—¿Son ellos?
El Prototipo 7 asintió.
—Sweepers.
Fran apretó los dientes.
—Entonces tendremos que luchar.
La batalla fue brutal.
Los Sweepers eran rápidos, numerosos y difíciles de detener.
Fran utilizó todo lo que había aprendido durante el viaje.
El poder brillante cubrió su espada.
El Prototipo 7 luchó a su lado, utilizando su fuerza para mantenerlos alejados.
No podían permitirse ser rodeados.
Tampoco podían quedarse mucho tiempo en el mismo lugar.
Cada vez que uno de los Sweepers caía, Fran buscaba inmediatamente al siguiente.
Hasta que finalmente lograron abrirse paso.
—¡Corre!
Fran agarró al Prototipo 7 y ambos huyeron entre los edificios.
No se detuvieron hasta mucho después.
Aquella noche comprendieron algo importante.
No podían simplemente buscar un lugar donde dormir.
Tenían que sobrevivir a cada noche.
Desde entonces desarrollaron una rutina.
Antes del anochecer buscaban lugares que pudieran servir como refugio temporal.
Evitaban las zonas demasiado abiertas.
Nunca encendían luces innecesarias.
Y, cuando los Sweepers aparecían, no intentaban enfrentarse a todos.
Solo luchaban contra los que bloqueaban su camino.
El Prototipo 7 era quien más ayudaba en esos momentos.
Su fuerza les permitía atravesar grupos que habrían sido imposibles para Fran por sí sola.
Y Fran compensaba aquello con su creciente dominio del poder brillante.
Después de varias noches, incluso comenzaron a coordinarse sin hablar.
Un movimiento de Fran.
Una mirada del Prototipo 7.
Y ambos sabían qué hacer.
No era una vida cómoda.
Ni siquiera era una vida segura.
Pero funcionaba.
Sobrevivían.
Pasaron semanas.
El cuchillo que Fran había tomado como reemplazo también terminó rompiéndose.
Después vino una espada.
Después otra.
Cada una duraba un tiempo diferente.
Pero el poder brillante alrededor de la hoja seguía creciendo.
Fran comenzaba a entenderlo.
No era simplemente energía.
Respondía a ella.
A sus movimientos.
A su voluntad.
A su intención.
Cada combate hacía que fuera un poco más fácil utilizarlo.
Y aunque todavía estaba lejos de dominarlo, ya podía cubrir una hoja entera con aquel resplandor.
—Algún día podré hacerlo sin destruir el arma —dijo Fran.
El Prototipo 7 la miró.
—Probablemente.
—¿Eso es todo?
—Sí.
—Eres terrible dando ánimos.
—Estoy aprendiendo.
Fran soltó una carcajada.
Finalmente llegaron al norte.
La temperatura descendió considerablemente.
Fran tuvo que ajustar su capa y cubrirse mejor.
—Definitivamente hace frío.
—Estamos en el norte.
—Eso ya lo sé.
—El Distrito 6 está aquí.
Fran miró hacia adelante.
La nieve cubría algunos tejados.
El viento soplaba entre los enormes edificios.
—Entonces este es el Distrito 6.
—Sí.
—Ahora entiendo por qué dijiste que hacía frío.
—Te lo dije hace semanas.
—No necesitabas recordármelo.
El Prototipo 7 sonrió.
Fran observó las calles.
Entonces vio a tres personas acercándose.
Los reconoció inmediatamente como Fixers.
Llevaban el emblema de Dodeka.
Pero sus uniformes eran diferentes de los que Fran había visto en la Sección 5, Sur.
Seguían teniendo el mismo estilo general, pero estaban mucho más adaptados al clima.
Abrigos gruesos.
Guantes.
Botas reforzadas.
Protecciones alrededor del cuello.
Incluso partes del uniforme parecían diseñadas para conservar el calor.
Fran llevó discretamente una mano hacia su espada.
No los conocía.
El hombre que iba en el centro se detuvo.
—No venimos a pelear.
Fran entrecerró los ojos.
—Eso dicen todos antes de intentar pelear.
El hombre soltó una pequeña risa.
—Tienes razón.
Sacó una tarjeta.
—Somos de la Asociación de Fixers Dodeka.
Fran reconoció inmediatamente el símbolo.
Pero no los rostros.
Tampoco la insignia secundaria.
—¿De qué sección son?
—Sección 3. Norte.
Fran relajó ligeramente su postura.
Aquellos no eran compañeros de su sección.
El hombre miró entonces al Prototipo 7.
—Venimos por él.
El Prototipo 7 dio un paso adelante.
—No.
El Fixer suspiró.
—Sabía que dirías eso.
Fran se colocó entre ellos.
—Esperen.
Todos la miraron.
—Antes de que alguien intente llevárselo...
Fran apretó el mango de su espada.
—Quiero respuestas.
El Fixer sonrió.
—Entonces tenemos algo en común.
Sacó una fotografía.
Se la entregó a Fran.
Ella la tomó.
Y se quedó completamente inmóvil.
En la fotografía aparecía un hombre.
Fran conocía perfectamente aquel rostro.
Maestro.
Pero no estaba solo.
A su lado estaba el Prototipo 7.
Y detrás de ellos había un edificio.
Fran acercó la fotografía.
Entonces vio el símbolo.
Por primera vez pudo observarlo con claridad.
Era un círculo formado por tres anillos concéntricos, interrumpidos en varios puntos por líneas rectas.
En el centro había una figura vertical semejante a una espada o aguja, atravesando los tres círculos.
Sobre ella se encontraba una pequeña forma geométrica parecida a un ojo.
Fran reconoció el diseño inmediatamente.
Era el mismo símbolo que había visto en las cápsulas.
En las máquinas.
En las puertas.
En las paredes del laboratorio.
Hasta entonces había pensado que simplemente era el logotipo de aquella instalación.
Pero ahora estaba detrás de Maestro.
En una fotografía.
—¿Cuándo fue tomada esta foto?
—Hace tres años.
Fran levantó lentamente la mirada.
—Eso es imposible.
El Fixer frunció el ceño.
—¿Por qué?
Fran apretó la fotografía.
—Porque Maestro y yo llegamos hace tres semanas.
El hombre permaneció en silencio durante unos segundos.
Después negó con la cabeza.
—No llegó.
Señaló la fotografía.
—Regresó de tu mundo.
Fran dejó de respirar.
—¿Regresó...?
—Sí.
El Fixer señaló nuevamente la fotografía.
—Él ya conocía este lugar.
Fran miró a Maestro.
Después al Prototipo 7.
—Entonces...
Su voz tembló ligeramente.
—¿Maestro vivió aquí?
—Sí.
Fran sintió un escalofrío.
No era solamente que Maestro hubiera estado en la Ciudad.
No era que hubiera visitado aquel mundo.
Había pertenecido a él.
Y, por alguna razón, había terminado marchándose a otro mundo.
El mundo de Fran.
—¿Y por qué regresó?
El Fixer no respondió inmediatamente.
Miró al Prototipo 7.
Después a la fotografía.
—Eso es precisamente lo que estamos intentando averiguar.
Fran cerró lentamente la mano sobre la fotografía.
Ahora tenía una nueva pregunta.
No era:
«¿Dónde está Maestro?»
Tampoco:
«¿Cómo llegó a mi mundo?»
La pregunta era mucho más profunda.
«¿Qué hizo Maestro en La Ciudad antes de convertirse en mi espada?»
Continuará...
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