Chapter 7: El precio de una pista
La mañana siguiente, Fran despertó antes de que saliera el sol.
No había dormido mucho.
La información de la noche anterior seguía dando vueltas en su cabeza.
Especímenes.
Pruebas.
Prototipo.
Y, sobre todo...
El símbolo.
Fran se sentó en la cama.
A su lado estaba el pequeño cuchillo.
Lo tomó.
Una tenue luz recorrió la hoja.
Fran sonrió.
—Cada vez es más fácil.
No era Maestro.
Nunca lo sería.
Pero podía sentir algo.
Una pequeña conexión.
Una cantidad mínima del poder que había aprendido a controlar junto a él.
Y eso era suficiente.
Por ahora.
Fran guardó el cuchillo y se colocó la capa.
Hoy tenía trabajo.
Un encargo sencillo
La Asociación de Fixers Dodeka, Sección 5 (Sur), no tenía intención de permitir que Fran se dedicara exclusivamente a investigar conspiraciones.
Había que trabajar.
Y el encargo de aquella mañana era bastante simple.
Una persona necesitaba escolta hasta otra zona del Distrito 10.
Nada extraordinario.
Nada que justificara utilizar una espada.
Fran aceptó.
El cliente era un hombre de mediana edad que no dejaba de mirar a ambos lados.
—¿Tú eres la Fixer?
Fran asintió.
—Sí.
El hombre pareció decepcionado.
—Pensé que enviarían a alguien más...
Fran lo miró.
—¿Más grande?
—No.
—¿Más fuerte?
—Tampoco.
Fran entrecerró los ojos.
—Entonces probablemente querías decir más caro.
El hombre guardó silencio.
—...
Fran sonrió ligeramente.
—No te preocupes. Mi tarifa ya está pagada.
Comenzaron a caminar.
Durante los primeros minutos no ocurrió nada.
Hasta que llegaron a una calle estrecha.
Fran se detuvo.
—Hay alguien detrás.
El hombre palideció.
—¿Qué?
Fran continuó caminando.
—Tres personas.
El hombre miró hacia atrás.
—¡No mires!
Demasiado tarde.
Tres hombres aparecieron al final de la calle.
Uno llevaba un bate.
Otro tenía un arma improvisada.
El tercero sonreía.
—Entréguenos al viejo.
Fran suspiró.
—Qué molestia.
Sacó su cuchillo.
El cliente la miró sorprendido.
—¿Eso es todo lo que tienes?
Fran levantó una ceja.
—Es suficiente.
El primero corrió hacia ella.
Fran dio un paso.
Un movimiento.
¡Clang!
El bate salió despedido.
Antes de que el hombre pudiera reaccionar, Fran ya estaba detrás de él.
Un golpe con el mango del cuchillo.
El hombre cayó.
El segundo atacó.
Fran esquivó.
El cuchillo pasó rozando su capa.
Ella respondió con un golpe preciso en la muñeca.
El arma cayó.
Un segundo después, el hombre estaba en el suelo.
El tercero retrocedió.
—¿Qué clase de Fixer eres...?
Fran avanzó.
—Una que está intentando terminar su trabajo.
El hombre huyó.
Fran no lo persiguió.
No era necesario.
El cliente la observó con una expresión completamente diferente.
—¿De dónde aprendiste a luchar así?
Fran guardó el cuchillo.
—De alguien importante para mí.
No añadió nada más.
Una mala noticia
El encargo terminó sin más problemas.
Pero cuando Fran regresó a la Asociación, recibió una noticia inesperada.
—Fran.
Uno de los miembros de la Asociación la llamó.
—¿Sí?
—El lugar que mencionaste ayer...
Fran se quedó quieta.
—¿Qué pasa con él?
—Lo revisamos.
Fran sintió que su atención se agudizaba.
—¿Y?
El hombre bajó la voz.
—Está relacionado con un Syndicate.
Fran no respondió.
—No sabemos exactamente cuál es su objetivo. Pero encontramos registros de transporte.
—¿Qué transportaban?
—No eran mercancías normales.
Fran apretó ligeramente el puño.
—¿Personas?
—No.
Una pausa.
—Animales.
Fran recordó las palabras que había escuchado.
Los pequeños sirven para las pruebas.
Su expresión cambió.
—¿Dónde los llevan?
El hombre negó con la cabeza.
—Eso todavía no lo sabemos.
Fran permaneció en silencio.
—Pero encontramos algo más.
Le entregó un pequeño papel.
Había una dirección.
Fran la leyó.
Y reconoció inmediatamente el nombre de la calle.
—Está cerca de donde estuve ayer.
—Exactamente.
Fran dobló el papel.
—Gracias.
—¿Vas a investigar?
Fran miró al hombre.
—No.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Voy a trabajar.
La segunda visita
Fran regresó al edificio esa misma noche.
Esta vez no entró por la puerta.
Se deslizó por una ventana lateral.
El lugar estaba completamente vacío.
Pero algo había cambiado.
La maquinaria que había visto la noche anterior estaba funcionando.
Fran se escondió.
Escuchó voces.
—El envío llegará pronto.
—¿Y el prototipo?
—Todavía no está listo.
—El jefe está perdiendo la paciencia.
Fran respiró lentamente.
Así que había alguien por encima de ellos.
Alguien que estaba esperando ese prototipo.
Fran avanzó en silencio.
Encontró una habitación pequeña.
Dentro había documentos.
Mapas.
Registros.
Y una lista.
Fran comenzó a leer.
Uno de los nombres estaba tachado.
Otro también.
Luego otro.
Fran frunció el ceño.
—¿Son... nombres de animales?
Había algo extraño.
No parecían simples animales.
Algunos tenían anotaciones.
Respuesta anormal.
Mutación fallida.
Adaptación parcial.
Y entonces vio una última línea.
Especie desconocida — respuesta excepcional.
Fran se quedó inmóvil.
—Especie desconocida...
Un ruido detrás de ella.
Fran giró.
Nada.
Volvió a mirar el documento.
Entonces comprendió.
Aquellos experimentos no buscaban simplemente crear monstruos.
Estaban intentando descubrir qué ocurría cuando diferentes especies eran expuestas a cierta tecnología.
Fran miró sus propias manos.
Pensó en su condición de BeastKin.
En la forma en que la Ciudad trataba a los no humanos.
Y en las palabras que había escuchado desde que llegó.
No eres humana.
Por primera vez, una posibilidad desagradable apareció en su mente.
—¿Y si...?
No terminó la frase.
No quería hacerlo.
El encuentro
—Sabía que alguien estaba husmeando.
Fran se dio la vuelta.
Un hombre estaba parado en la puerta.
Llevaba un abrigo oscuro.
No parecía particularmente fuerte.
Eso hizo que Fran desconfiara aún más.
—¿Eres una Fixer?
Fran no respondió.
El hombre sonrió.
—No importa.
Miró los documentos.
—Ya viste demasiado.
Fran sacó el cuchillo.
—Entonces supongo que tendremos que pelear.
El hombre soltó una pequeña risa.
—¿Con eso?
Fran miró el cuchillo.
Luego volvió a mirarlo.
—Sí.
La hoja comenzó a brillar.
Esta vez no fue un destello.
La luz recorrió toda la hoja.
El hombre dejó de sonreír.
—¿Qué...?
Fran dio un paso.
—Te dije que era suficiente.
El hombre atacó.
Fran bloqueó.
¡CLANG!
El impacto hizo vibrar todo su brazo.
Era mucho más fuerte de lo que parecía.
Fran retrocedió.
—Es rápido.
El hombre volvió a atacar.
Fran esquivó.
Una vez.
Dos.
Tres.
No podía vencerlo simplemente intercambiando golpes.
Necesitaba pensar.
La frase volvió a su mente.
Y entonces recordó algo.
Maestro nunca le había enseñado a confiar solamente en su fuerza.
Le había enseñado a observar.
A esperar.
A encontrar el momento adecuado.
Fran dejó de atacar.
El hombre sonrió.
—¿Te rindes?
Fran negó con la cabeza.
—No.
Esperó.
El hombre volvió a lanzarse.
Fran se movió.
No hacia atrás.
Hacia él.
El cuchillo pasó junto a su brazo.
Un pequeño corte.
Nada grave.
Pero suficiente.
El hombre se detuvo.
Fran ya estaba detrás de él.
—Te tengo.
El brillo de la hoja aumentó.
El hombre cayó de rodillas.
No estaba muerto.
Fran había controlado el golpe.
El silencio volvió a la habitación.
Fran respiró profundamente.
Miró el cuchillo.
La luz desapareció poco a poco.
—Maestro...
Sonrió.
—Creo que finalmente estoy empezando a entenderlo.
Entonces escuchó un ruido.
Clang.
Fran levantó la cabeza.
El mismo sonido.
Pero esta vez provenía del sótano.
El hombre en el suelo levantó lentamente la mirada.
Y por primera vez pareció verdaderamente asustado.
—No...
Fran frunció el ceño.
—¿Qué hay abajo?
El hombre no respondió.
Otro sonido.
CLANG.
Más fuerte.
Fran miró hacia la puerta que llevaba al sótano.
Luego al hombre.
Y comprendió algo.
El hombre no tenía miedo de ella.
Tenía miedo de lo que estaba debajo.
Fran guardó el cuchillo.
—Entonces será mejor que lo descubra.
Bajó las escaleras.
Sin saber que, bajo aquel edificio abandonado del Distrito 10, estaba a punto de encontrar algo que cambiaría por completo su investigación.
Y quizá también su forma de entender por qué había terminado en aquel mundo.
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