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Chapter 6: Una hoja pequeña

El día siguiente comenzó con una decisión.

Fran no iba a buscar una espada.

Todavía no.

Había algo que quería comprobar primero.

Si realmente podía utilizar una parte del poder que había aprendido de Maestro sin tenerlo físicamente a su lado.

Y para descubrirlo necesitaba un lugar donde pudiera entrenar sin llamar demasiado la atención.

Por ahora, Fran se encontraba en el Distrito 10, en uno de sus Backstreets.

El Distrito 10 pertenecía a J Corp. y era conocido como el Nest of Gambling; la suerte y las apuestas formaban una parte importante de su cultura, mientras que los Backstreets estaban dominados por distintos Syndicates.

A Fran no le gustaba demasiado el lugar.

Demasiadas personas intentando engañar a otras.

Demasiadas personas intentando averiguar cuánto podían sacar de alguien.

Pero tenía una ventaja.

En un lugar como aquel, una chica ocultando su identidad con una capa y que hacía trabajos para la Asociación de Fixers menos conocida no llamaba demasiado la atención.

Y eso era exactamente lo que necesitaba.

Fran encontró un callejón abandonado.

No había nadie.

Solo unas cajas viejas, una pared de ladrillos y una tubería oxidada.

Perfecto.

Sacó el cuchillo.

Lo sostuvo frente a ella.

—Bien.

Respiró profundamente.

Cerró los ojos.

Intentó recordar aquella sensación.

La conexión con Maestro.

No su voz.

No su presencia.

Sino aquella sensación de poder fluyendo a través de ella.

Fran extendió una mano.

Nada.

Esperó.

Nada.

Abrió un ojo.

—...

Volvió a intentarlo.

Nada.

—Esto va a ser más difícil de lo que pensaba.

Se sentó sobre una caja.

Durante unos minutos simplemente observó el cuchillo.

Era ridículamente pequeño comparado con Maestro.

Pero quizá eso no era necesariamente malo.

Fran había pasado mucho tiempo pensando en el poder como algo ligado a una espada.

Tal vez había estado pensando en ello de la manera equivocada.

—Una espada es una herramienta.

Miró la hoja.

Su expresión se suavizó.

—Pero el poder no está en la herramienta.

Fran cerró los ojos nuevamente.

—Está en mí.

Maestro no es una herramienta , él tiene su propio poder

El primer intento

Esta vez no intentó invocar nada.

Solo sostuvo el cuchillo.

Recordó cómo Maestro le había enseñado a luchar.

No los movimientos.

No las técnicas.

La sensación.

La manera en que debía mover su cuerpo antes de pensar.

La manera en que debía observar al enemigo.

La manera en que debía dejar que el arma formara parte de ella.

Fran abrió los ojos.

Un pequeño brillo apareció alrededor de la hoja.

Desapareció inmediatamente.

Fran se quedó inmóvil.

—...

Miró el cuchillo.

—Lo hice.

No había sido mucho.

Apenas un destello.

Pero había ocurrido.

Fran sonrió.

—Otra vez.

Lo intentó.

Nada.

Otra vez.

Nada.

Otra.

Un pequeño brillo.

Fran apretó los dientes.

—Otra vez.

Horas después, Fran estaba agotada.

Tenía la mano adolorida.

El brazo le temblaba ligeramente.

Y el cuchillo tenía otra pequeña muesca.

Pero había conseguido reproducir el fenómeno varias veces.

Nunca duraba más de un instante.

Nunca era particularmente poderoso.

Pero era real.

Fran se sentó contra la pared.

—Entonces sí puedo hacerlo.

Miró su mano.

No necesitaba convertirse en Maestro.

No necesitaba reemplazarlo.

Solo necesitaba aprender a utilizar lo que él le había enseñado.

Fran sonrió.

—Cuando vuelva a encontrarlo...

Su cola se movió alegremente.

—Quiero poder demostrarle que también aprendí algo mientras estaba lejos.

Un ruido interrumpió sus pensamientos.

Clang.

Fran abrió los ojos.

Otra vez.

Clang.

El mismo sonido.

El mismo símbolo.

La misma sensación que había encontrado bajo tierra.

Fran se puso de pie.

Guardó el cuchillo.

—No puede ser una coincidencia.

Siguió el sonido.

Esta vez no descendió bajo tierra.

El ruido venía de un edificio cercano.

Una vieja instalación industrial abandonada.

La puerta estaba entreabierta.

Fran entró.

El símbolo

El interior estaba oscuro.

Había maquinaria vieja.

Cajas.

Tuberías.

Y marcas en las paredes.

Fran encontró una.

El mismo símbolo.

Lo tocó.

—Así que alguien está utilizando estos lugares.

Un sonido llegó desde el fondo.

Voces.

Fran se escondió detrás de una máquina.

Tres hombres entraron en la habitación.

No llevaban uniformes.

Pero Fran reconoció inmediatamente algo.

Eran miembros de un Sindicato.

—¿Ya llegó el cargamento?

—Todavía no.

—Nos dijeron que estaría aquí antes del anochecer.

—Entonces espera.

Fran escuchó atentamente.

—¿Y qué hacemos con los animales?

—Los pequeños sirven para las pruebas.

Fran frunció el ceño.

—¿Pruebas...?

Uno de los hombres continuó.

—Los especímenes están reaccionando mejor de lo esperado.

—¿Y el prototipo?

Silencio.

—Todavía no.

Fran sintió un escalofrío.

Prototipo.

La palabra apareció en su mente junto con el laboratorio.

La criatura.

La caja.

El símbolo.

Todo estaba conectado.

Fran llevó lentamente la mano hacia el cuchillo.

Podía atacarlos.

Era lo que habría hecho antes.

Pero se detuvo.

Recordó sus propias palabras.

Necesito pensar.

—Ya no puedo resolver todos mis problemas cortándolos.

Sonrió ligeramente.

—Aunque puedo cortar cuando sea necesario.

Fran esperó.

Los hombres continuaron hablando.

Y ella memorizó cada detalle.

El lugar.

Las rutas.

Los nombres.

Los horarios.

Todo.

Entonces uno de ellos giró la cabeza.

—¿Escuchaste eso?

Fran se quedó completamente quieta.

El hombre comenzó a caminar hacia ella.

Un paso.

Otro.

Fran sostuvo el cuchillo.

Su respiración se volvió lenta.

El hombre estaba cada vez más cerca.

Entonces...

Un pequeño destello recorrió la hoja.

Fran abrió los ojos.

Esta vez no desapareció.

El brillo permaneció.

Débil.

Pero estable.

Fran sonrió.

—Funcionó.

El hombre dobló la esquina.

Fran ya no estaba allí.

Había salido por una ventana.

De vuelta en Dodeka

Fran regresó a la Asociación esa misma noche.

Entregó el informe del encargo anterior.

Pero no mencionó todo lo que había descubierto.

Todavía no.

Primero necesitaba comprobar algunas cosas.

El encargado revisó el informe.

—¿Eso es todo?

Fran asintió.

—Por ahora.

—¿Y la criatura?

—No volverá a causar problemas.

—¿La mataste?

Fran negó con la cabeza.

—No.

El hombre pareció sorprendido.

—Entonces, ¿qué hiciste?

Fran pensó unos segundos.

—Encontré una solución.

El encargado sonrió.

—Eso suena como algo que diría un Fixer experimentado.

Fran no respondió.

Simplemente tomó su pago.

Luego se marchó.

Esa noche, en su habitación, colocó sobre la mesa todo lo que había conseguido.

El fragmento metálico.

El documento.

El cuchillo.

Y una pequeña nota donde había escrito las palabras que había escuchado.

Prototipo.

Especímenes.

Pruebas.

Fran observó todo.

—Alguien está haciendo experimentos.

Y si esos experimentos estaban relacionados con el laboratorio...

Entonces quizá también estuvieran relacionados con la razón por la que ella había llegado a ese mundo.

Fran tomó el cuchillo.

Una pequeña luz volvió a recorrer la hoja.

Esta vez duró varios segundos.

Fran sonrió.

—Cada vez mejor.

Afuera, el Distrito 10 continuaba con su ruido habitual.

Las apuestas.

Los negocios.

Las peleas.

Los Sindicatos.

La Ciudad seguía funcionando como si nada hubiera ocurrido.

Pero Fran ya había encontrado algo.

Una pista.

Y ahora tenía una nueva meta.

No solo sobrevivir en aquel mundo.

Descubrir qué estaba ocurriendo.

Y hacerse lo bastante fuerte para enfrentarse a ello.

Aunque tuviera que empezar con un cuchillo.

Una hoja pequeña.

Una cantidad ridículamente pequeña de poder.

Y una lección que Maestro le había enseñado mucho antes de desaparecer:

No necesitas un arma grande para hacer un corte perfecto.

Fran sonrió.

—Eso también lo aprendí de ti.

Y por primera vez desde que había llegado a la Ciudad...

Fran sintió que estaba avanzando por su propio camino.

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