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Chapter 1: Fran en la Ciudad

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El Nido de Arañas había sido considerado durante años una mazmorra peligrosa, pero no especialmente misteriosa.

Las monstruos eran arañas.

Las trampas habían sido construidas hacía mucho tiempo.

Y los aventureros habían aprendido a reconocerlas.

Y con el Dungeon Master muerto , los monstruos eran débiles y "la estructura no cambiaría"

Eso era lo que todos creían.

Nadie sabía que, en las profundidades del Nido, algunas arañas habían comenzado a evolucionar.

Al principio solo habían ganado fuerza.

Después inteligencia.

Y finalmente, algo que ninguna araña de aquella mazmorra había sido capaz de hacer antes:

modificar las trampas.

No era un cambio enorme.

No era una conspiración que amenazara el mundo.

Era algo mucho más pequeño.

Una anomalía.

Una evolución extraña que había pasado inadvertida.

Al menos, eso habría parecido...

Si alguien hubiera investigado.

-

-

-

Fran avanzaba por un túnel junto a su espada.

—Maestro.

(¿Sí, Fran?)

—Aquí hay algo raro.

La espada se quedó en silencio unos segundos.

(¿Dónde?)

Fran señaló el suelo.

—La piedra está ligeramente diferente.

El maestro observó la zona.

(Mi habilidad "detección de trampas" no está reaccionando).

Fran se acercó.

—Entonces sigamos.

Dio un paso.

CLIC.

La expresión de Fran cambió.

—...

(¡Fran!)

Un círculo mágico apareció bajo sus pies.

—¡Maestro!

La espada intentó activar sus habilidades.

Pero la magia era demasiado poderosa para ellos.

Y estaba dirigida a separarlos.

Una fuerza invisible arrancó la espada de las manos de Fran.

—¡MAESTRO!

(¡FRAN!)

Fran extendió el brazo.

Sus dedos llegaron a tocar la empuñadura.

Por un instante estuvieron juntos.

Y entonces...

FWOOSH.

La luz envolvió a Fran.

La espada desapareció de su mano.

Y la niña gato desapareció de la mazmorra.

-

Un mundo desconocido

-

Fran cayó sobre una calle.

—¡Ugh!

Se levantó inmediatamente.

Miró alrededor.

Una ciudad.

Pero no una ciudad que reconociera.

Era enorme.

Demasiado enorme.

Edificios que parecían torres cuadradas , llenos de letreros brillantes.

Vehículos extraños.

Pantallas.

Personas armadas algunas tenían armas que reconocía y otras que no.

Personas con partes mecánicas.

Personas cuya apariencia ni siquiera podía identificar.

Fran buscó inmediatamente a su maestro.

Nada.

—...

Su expresión se endureció.

No estaba allí.

Pero Fran podía sentir algo.

Muy débil.

Una conexión.

Su maestro seguía existiendo.

Eso era suficiente.

Lo encontraría.

Fran revisó su equipo.

Entonces recordó algo.

—Mi tarjeta.

Sacó su tarjeta de aventurera.

La observó.

Seguía intacta.

Perfecto.

Si aquella era simplemente otra ciudad, seguramente podría encontrar a alguien que supiera dónde estaba.

Fran empezó a caminar.

-

El primer encuentro

-

No tardó mucho en encontrarse con hombres armados.

Vestían raros uniformes.

Llevaban esos odjetos extraños que Fran asumia eran armas.

Su actitud era autoritaria.

Fran los observó con curiosidad.

En su mundo, probablemente habría supuesto que eran una especie de caballeros.

Pero su aspecto no coincidía con los caballeros que conocía.

Uno de ellos se acercó.

—Detente.

Fran se detuvo.

—¿Sí?

—Identificación.

Fran no vio ningún problema.

Sacó inmediatamente su tarjeta de aventurera y se la entregó.

—Aquí.

El hombre la examinó.

Su expresión pasó de confusión a desconcierto.

—¿Qué es esto?

Fran parpadeó.

—Mi tarjeta de aventurera.

—No es una identificación válida.

—Es mi identificación.

—No está registrada.

Fran miró la tarjeta.

Después al hombre.

—Es auténtica.

—No estoy diciendo que sea falsa.

El hombre volvió a observarla.

—Estoy diciendo que no existe en nuestros registros.

Fran comenzó a comprender que había un problema.

—Entonces... ¿qué necesito?

—Una identificación reconocida por la Ciudad.

Fran no respondió inmediatamente.

No entendía qué era exactamente aquella "Ciudad".

Tampoco entendía por qué una tarjeta emitida por el gremio de aventureros no tenía ningún valor.

En su mundo, eso habría sido absurdo.

Pero entonces el segundo hombre habló.

—Además, tenemos otro problema.

Miró las orejas de Fran.

—¿Qué eres?

Fran inclinó ligeramente la cabeza.

—Una aventurera.

—No te pregunté tu profesión.

—Una gata negra.

El hombre frunció el ceño.

—¿Eres una especie de animal?

Fran comenzó a molestarse.

—No.

—Entonces esas orejas de gato son falsas?

Fran lo miró fijamente.

—No.

El hombre dio un paso hacia ella.

—Vendrás conmigo.

Fran permaneció inmóvil.

—No.

El ambiente cambió.

El guardia llevó la mano hacia su arma.

Fran no necesitó ninguna explicación.

En su mundo, esa era una señal clara.

Hostilidad.

Y Fran no tenía la costumbre de quedarse quieta cuando alguien la amenazaba.

El guardia apenas terminó de sacar el arma cuando Fran se movió.

¡BAM!

Su puño golpeó su arma.

El arma salió volando.

El segundo guardia reaccionó.

Fran giró sobre sí misma y los derribó con una patada.

Los dos hombres quedaron en el suelo.

Fran los observó.

—No quería pelear.

Pero ellos habían empezado.

Fran recogió su tarjeta.

La guardó cuidadosamente.

Y se marchó.

-

-

-

Durante las siguientes horas, Fran comenzó a aprender cómo funcionaba aquel mundo, espiando las conversaciones de la gente.

Descubrió que aquellos hombres eran una especie de fuerza de seguridad.

Pero no eran exactamente caballeros.

Y descubrió algo todavía más interesante.

Existían personas llamadas Fixers.

Profesionales que realizaban trabajos para clientes.

Protección.

Investigación.

Combate.

Caza.

Trabajos peligrosos.

Fran se detuvo al escuchar una conversación.

—Ese Fixer aceptó un encargo de grado cuatro...

Fran abrió ligeramente los ojos.

Fixer.

Por la descripción, aquello sonaba muchísimo a un aventurero.

O quizá a un mercenario.

Pero no podía asumir que las cosas funcionaran igual.

En aquel mundo había monstruos llamados distorsiones ( O al menos eso había escuchado ).

Había organizaciones llamadas Alas qué controlaban todo.

Había personas con poderes extraños (eso dicen).

Y había leyes que no comprendía.

Fran decidió no revelar demasiado.

Si alguien le preguntaba qué era, respondería lo más sencillo:

—Una aventurera.

Si preguntaban por su especie:

—Una gata negra.

Y si preguntaban por su espada...

Eso era diferente.

Fran no iba a revelar el nombre de su maestro a un desconocido.

Mucho menos que era un arma inteligente.

Eso era algo que solo compartiría con alguien que realmente se hubiera ganado su confianza.

(Pero eso sería una preocupación para cuando recuperara a maestro)

-

Mientras Fran intentaba sobrevivir...

En otro lugar, alguien examinaba los registros de la anomalía.

Una pequeña perturbación dimensional.

Un hechizo de teletransportación.

Una mazmorra.

Una criatura capaz de modificar trampas.

Todo parecía inconexo.

Pero alguien había comenzado a unir las piezas.

Porque la evolución de aquellas arañas no había sido simplemente un fenómeno biológico.

Alguien había detectado algo.

Algo relacionado con las propiedades de aquella mazmorra.

Y alguien había querido comprobar qué ocurriría si una criatura capaz de adaptar las trampas recibía acceso a determinados tipos de magia.

La separación de Fran y su espada...

No había sido un accidente.

Ahora había ocurrido algo muy interesante.

Una persona de otro mundo había aparecido en la Ciudad.

Y esa persona llevaba consigo una tarjeta que no pertenecía a ningún sistema conocido.

-

-

-

Fran estaba sentada en el tejado de un edificio.

Miraba la Ciudad.

No estaba llorando.

No estaba esperando que alguien viniera a rescatarla.

Simplemente estaba pensando.

Su maestro había desaparecido.

Pero no estaba muerto.

Ella lo sabía.

Su vínculo todavía existía.

No llevaban tanto tiempo juntos.

Pero durante ese tiempo habían pasado por demasiadas cosas como para que su conexión pudiera considerarse débil.

Fran cerró los ojos.

—Maestro.

Nada.

Abrió los ojos.

—Te encontraré.

No necesitaba que nadie le dijera que no se rindiera.

Fran jamás había sido de las que se rendían.

Desde que había comenzado su viaje, siempre había avanzado.

Así que ahora haría lo mismo.

Solo necesitaba aprender cómo funcionaba aquel mundo.

Encontrar trabajo.

Conseguir información.

Encontrar a su maestro.

Y regresar a casa.

Fran se levantó.

Se colocó una capa que había robado de una tienda de ropa sobre sus orejas y cola.

Y descendió del edificio.

Sin saber que, desde algún lugar de la Ciudad, alguien ya la estaba observando.

Y que la pequeña anomalía del Nido de Arañas estaba a punto de convertirse en una conspiración mucho mayor de lo que cualquiera hubiera imaginado.

Continuará...

parejaosorio13

Author's Note

Decidí reescribir la historia Espero que les guste esta versión más pulida
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