Chapter 2: Una ciudad que no reconoce a los aventureros
La noche había caído sobre la Ciudad.
Fran permanecía sentada sobre un tejado, envuelta en la capa que había robado aquella tarde.
La tela era sencilla.
Gris.
Sin adornos.
Y lo bastante grande para ocultar sus orejas y su cola.
Fran bajó la mirada hacia ella.
No le gustaba.
Nada.
Había pasado casi toda su vida sintiéndose orgullosa de ser una Beastkin.
No era algo que quisiera esconder.
Pero aquella ciudad era diferente.
Después de escuchar las conversaciones de sus habitantes durante horas, había aprendido algunas cosas importantes.
Los Fixers eran profesionales que aceptaban encargos.
Las corporaciones controlaban enormes sectores de la sociedad.
La ley no protegía a todos por igual.
Y, sobre todo...
Ser humano no significaba necesariamente tener derechos.
Los no humanos estaban todavía peor.
Y las anomalías ponían en peligro incluso a los ricos.
Fran había escuchado suficientes conversaciones para entenderlo.
—Nadie está a salvo aquí...
Fran apretó ligeramente la capa.
En su mundo, ser una Beastkin podía causar problemas en algunos lugares.
Pero seguía teniendo su identidad.
Su gremio.
Su tarjeta de aventurera.
Su maestro.
Aquí no tenía nada de eso.
Su tarjeta de aventurera no significaba absolutamente nada.
Y sus orejas de gato podían convertirla en un objetivo.
Por eso había robado la capa.
No porque quisiera.
Porque necesitaba hacerlo.
—Es necesario.
Fran se convenció a sí misma.
Pero no parecía satisfecha.
-
-
-
El problema ahora era conseguir dinero
Fran necesitaria dinero.
La comida de la Ciudad no era gratis.
Tampoco el alojamiento.
Y no podía depender indefinidamente de robar.
Además, necesitaba información.
Mucha información.
Había descubierto algo interesante mientras escuchaba a los Fixers.
Los trabajos estaban organizados por niveles.
Había personas capaces de luchar contra monstruos.
Había personas especializadas en investigación.
Había personas que podían hacer cosas que, en su mundo, normalmente requerirían magia.
Fran había pensado inmediatamente en una cosa.
Trabajo de aventurero.
El problema era que no existía un gremio de aventureros.
Al menos no uno que pudiera encontrar.
En su lugar existían las oficinas de los Fixers.
Fran observó un edificio desde el otro lado de la calle.
Asociación de Fixers Dodeka
Seccion 5 (Sur)
Una gran cantidad de personas entraban y salían.
Algunas llevaban armas.
Otras tenían modificaciones mecánicas visibles.
Algunas parecían completamente normales.
Fran observó durante unos minutos.
Finalmente, decidió entrar para obtener una nueva identidad.
-
La recepcionista levantó la mirada cuando Fran llegó al mostrador.
—¿Necesitas algo?
Fran asintió.
—Quiero trabajo.
—¿Tienes experiencia?
—Sí.
—¿En qué?
Fran pensó unos segundos.
—Monstruos. Combate. Mazmorras.
La mujer dejó de escribir.
—¿Eres una Fixer?
—No.
—Entonces necesitas registrarte.
Fran asintió.
—¿Cómo?
La recepcionista le explicó el procedimiento.
Fran escuchó atentamente.
Nombre.
Edad.
Afiliación.
Historial.
Información personal.
Fran empezó a sentirse incómoda.
—¿Es necesario dar toda esa información?
—Para registrarte, sí.
Fran guardó silencio.
No podía decir la verdad.
No podía decir que venía de otro mundo.
Y tampoco quería explicar por qué no tenía ningún documento de identidad reconocido.
Finalmente dijo:
—Fran, edad 12.
—¿Solo Fran?
—Sí.
La mujer la observó.
—¿Y tu apellido?
Fran negó con la cabeza.
—No tengo.
La mujer suspiró.
—Bien. "Fran".
Escribió el nombre.
Después llegó la siguiente pregunta.
—¿Afiliación?
Fran respondió inmediatamente.
—La Tribu del Gato Negro.
La mujer levantó una ceja.
—¿Qué organización es esa?
Fran se quedó inmóvil.
Había respondido sin pensar.
Porque para ella aquello no era una organización.
Era su gente.
Su identidad.
Su orgullo.
—Es...
Fran hizo una pequeña pausa.
—Mi tribu.
La mujer pareció aceptar la respuesta pensando que era algún tipo de asentamiento en las afueras de la ciudad, eso explicaria que esta niña tuviera experiencia luchando contra monstruos y que todavia no haya presentado una identificación.
—De acuerdo.
Fran bajó ligeramente la mirada.
Había conseguido ocultar sus orejas.
Había conseguido evitar preguntas sobre su origen.
Pero había algo que no podía ocultar.
Seguía siendo Fran.
-
La prueba
-
Antes de asignarle trabajos, le hicieron una prueba.
Fran fue llevada a una sala de entrenamiento.
Había varias personas observándola.
Uno de ellos era un hombre enorme.
Tenía brazos mecánicos.
—¿Ella es la nueva?
—Eso parece.
—Es pequeña.
Fran lo miró.
—Sí.
El hombre sonrió.
—¿No tienes miedo?
—No.
Algunas personas rieron.
El hombre se acercó.
—Entonces demuéstralo.
Fran adoptó una postura de combate.
No tenía a su maestro.
Eso era un problema.
No podía luchar de la misma manera.
Pero seguía siendo fuerte.
El hombre lanzó un golpe.
Fran lo esquivó.
Otro.
Lo esquivó nuevamente.
El hombre aceleró.
Pero el resultado fue el mismo.
Entonces Fran desapareció de su campo de visión.
¡BAM!
Un golpe en el estómago.
El hombre salió despedido.
Silencio.
Fran permaneció en su posición.
—¿Eso es todo?
Nadie respondió.
El hombre se levantó lentamente.
Miró el agujero que había dejado su cuerpo contra la pared.
Después miró a Fran.
—...
—Quiero el trabajo.
-
Un encargo sencillo
-
Finalmente le dieron un trabajo.
No era una misión de combate.
Era un encargo de investigación.
Había desaparecido una persona.
Una mujer joven.
Última ubicación conocida: un distrito cercano a una zona industrial.
Fran recibió una pequeña cantidad de dinero como adelanto.
—¿debo encontrarla?
—Ese es el trabajo.
Fran guardó el dinero.
—Entendido.
Antes de marcharse, preguntó:
—¿Puedo hacer una pregunta?
—Claro.
—¿Hay personas que conozcan otros mundos?
La habitación quedó en silencio.
La recepcionista la miró.
—¿Otros mundos?
Fran asintió.
—Sí.
La mujer negó con la cabeza.
—No sé.
Fran no insistió.
Pero había obtenido algo.
No una respuesta.
Una posibilidad.
-
Fran llegó al distrito industrial esa misma noche.
La zona era oscura.
Viejas fábricas.
Tuberías.
Edificios abandonados.
Personas que evitaban mirar demasiado tiempo a los demás.
Fran caminó lentamente.
La capa ocultaba sus orejas.
Pero no podía ocultar sus instintos.
Había algo extraño.
Un olor.
Metal.
Sangre.
Y algo más.
Magia.
Fran se detuvo.
—...
Miró hacia un callejón.
Había una pequeña marca en una pared.
Un símbolo.
No lo reconocía.
Pero tenía una sensación extraña.
Lo había visto antes.
No exactamente aquel símbolo.
Sino algo parecido.
En el Nido de Arañas.
Fran se acercó.
Tocó la marca.
Una pequeña vibración recorrió sus dedos.
—Maestro...
No era él.
Pero la sensación era similar.
La misma clase de energía que había sentido cuando la trampa de la mazmorra había separado a ambos.
Fran retiró la mano.
Por primera vez desde que había llegado a la Ciudad, su expresión cambió.
Esto ya no era solamente una misión para ganar dinero.
Alguien había utilizado una magia relacionada con aquella anomalía.
Y quizá...
esa persona sabía cómo encontrar a su maestro.
-
Mientras tanto
-
Muy lejos de allí, dentro de una habitación sin ventanas, alguien observaba una serie de documentos.
Una fotografía de Fran estaba sobre la mesa.
No era una fotografía reciente.
Era una imagen tomada poco después de su llegada.
La niña aparecía caminando por una calle, todavía sin la capa.
Sus orejas eran claramente visibles.
Un hombre observó la imagen.
—Confirmado.
Otro preguntó:
—¿Es humana?
—No.
—¿Entonces qué es?
El hombre dejó el documento sobre la mesa.
—No lo sabemos.
Hubo silencio.
Después añadió:
—Pero llegó exactamente después de la anomalía.
El segundo hombre se acercó.
—¿Crees que está relacionada con las arañas?
—No.
Miró nuevamente la fotografía.
—Creo que las arañas fueron solamente el principio.
-
-
Fran volvió a mirar el símbolo.
Su mano se cerró lentamente.
No sabía quién había creado aquella marca.
No sabía qué relación tenía con la desaparición.
No sabía cómo funcionaba aquella Ciudad.
Pero sí sabía una cosa.
—Encontraré a mi maestro.
Y esta vez...
No iba a permitir que nadie volviera a separarlos.
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